Pan Nuestro
En
los lejanos días prehistóricos, en la penumbra del tiempo, en un rincón de un
valle igualmente lejano de los montes de Anatolia, el hombre primitivo
descubrió con asombro, las doradas espigas de un solo grano del trigo
original….pacientemente las recolectó y con igual paciencia y perseverancia las
depositó de nuevo en la tierra, como un tributo, y la tierra las devolvió
amplificadas esa primavera.
Desde aquel momento el milagro estaba consumado, había descubierto la agricultura, que
cambiaría para siempre el destino de la humanidad.
Después,
descubrió la pureza de la harina que le da el alma blanca al grano, que sumado al agua y el fuego,
había
creado el primordial alimento de los hombres de occidente, portento de
conocimiento, creación e invento.
Ahora podía guardar las hogazas, un día, dos, tres, quizás
semanas; ya no dependía del albur de la salvaje presa. Podía almacenar la
harina o el milagro del pan, para los
días de caza frustrada o de hambre segura. Su supervivencia estaba asegurada, había encontrado la manera de superar su existencia, la de
sus hijos y mujeres.
Pasados los años, su creación no sólo fue el nutriente
de su propia carne sino la carne de su propio
Dios.
Alberto Rex González
Arqueólogo
Investigador Emérito de CONICET
Junio del 2005, Buenos Aires
Fragmento del ensayo sobre la obra basada en el pan, que realiza Fernando Quirós desde 1985, Madrid.
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